Entrevista
Candela Soto
TP: Entrevista
2da versión
Profesor: Carlos Aldazábal.
Entrevista: Historias de amor.
A la hora de rehacer la entrevista, teniendo en cuenta esta vez que tenía
que ser mucho más extensa, decidí entrevistar a una amiga de mi mamá , que sé
que vivió algunas historias interesantes. Nos encontramos en su casa, y me
recibió efusiva y confianzuda, como fue siempre.
“Mi primera experiencia con el amor no fue muy buena que
digamos. Me gustaba un chico, lo había conocido a través de una amiga. Él iba a
la misma escuela que ella. Esto fue hace 40 años más o menos, y en esa época
usábamos mucho hablar por carta y cosas así (hace un gesto con la mano, como
mostrando que fue hace muchísimo tiempo). Cuestión que un día estaba en la casa
de esta amiga y llegan dos chicos. Yo tenía 12 y ella 11, así que teníamos un
añito de diferencia en el medio, y estos chicos también porque iban a la
escuela con ella, como te expliqué. Uno de estos dos chicos se llamaba Joaquín.
Y me acuerdo que a mí me pareció re lindo. Era morochito, no sé de qué otra manera
explicarlo. Me pareció gracioso, era buena onda, tenía una sonrisa linda.
Después de eso me preguntó mi número de teléfono y empezamos a charlar por
nuestra cuenta, solos. Y resulta que además de que me parecía hermoso, teníamos
un montón de cosas en común, por ejemplo: nos gustaba a los dos leer, mirábamos
los mismos programas, éramos parecidos. Y empezamos a pegar onda por así
decirlo. Siempre me hacía reír. Y de a poquito me empecé a enamorar, creo que
es el primer ‘enamoramiento’ del que tengo memoria. A todo esto me acabo de dar
cuenta que no te conté el nombre del pibe, Joaquín, iba al San José, un colegio
que queda cerca el mío, iba al Mogas yo, igual eso lo sabes porque vos fuiste
ahí y te lo cuento siempre (Ríe). No nos habíamos visto casi nunca en persona y
digamos que estábamos en una ‘semi-relación’. Éramos (se detiene a pensar por
un momento con una sonrisa en la cara) amigovios, un término re de primaria
¿no? Pero bueno, estábamos en primaria justamente. Nos mandábamos
mensajes por cartitas, nos decíamos te amo, hablábamos todo el día por teléfono
también. Justo era verano encima, no íbamos al colegio, nos la pasábamos
molestándonos. Y más o menos bastante gente sabía que estábamos juntos a pesar
que no nos veíamos…era complicado y más en vacaciones. Y estuvimos así un par
de meses... ‘que te quiero dar besos, que te quiero abrazar, ojalá
estuviéramos juntos en persona’. Y después llegó marzo, yo empecé la secundaria
y estaba emocionada. Me sentía una nena grande. Y una vez que él empezó las
clases ya había más oportunidades de vernos, y la primera llegó con una kermés
que hizo el San José. Me dijo por teléfono: ‘por favor te quiero ver al fin, te
quiero dar un beso’ y yo accedí obviamente. Me preparé toda, salimos a comprar
ropa con mamá, una remerita verde militar que decía ‘I Love New York’, me
maquillé con ayuda de ella, también. Me pinté las uñas, mi mamá me hizo unas
trenzas... no sé cómo explicarlo... ¿cómo se dice? (se detiene a pensar de
nuevo) ¿torcidas?, ¿torceadas? No sé. Pero bueno, la convencí a mi vieja
y lo fui a ver a la kermés. Llegué a ese colegio que no conocía y lo busqué.
Cuando lo vi me di cuenta que no me miraba, como que me evitaba, por así
decirlo. No me quería ver, me daba cuenta. Yo estaba re triste. Pasé la noche
con unos amigos que conocía de ese colegio, todo el tiempo pensando que por qué
pasaba todo esto cuando nos queríamos tanto, al parecer. Me fui a casa cuando
se hizo tarde, no podía estar afuera hasta tan de noche. Le hablé, lo llamé por
teléfono y le dije: ‘¿por qué no me quisiste hablar hoy?’. Y me dijo que era
porque no era tan linda en persona como se acordaba, porque tenía puesto mucho
maquillaje, etc. Así que así terminó mi primera historia de amor. No fue un
final muy feliz que digamos. Hoy en día entiendo que él fue un tarado, que tuvo
una actitud de mierda (me pide perdón, pensando que capaz no se podían incluir
malas palabras la entrevista). Pero en el momento me cayó muy mal lo que pasó,
y creo que fue algo que significó mucho para mí y me afectó durante bastante tiempo.
Así que así me rompieron el corazón por primera vez, a mis doce añitos. Después
de eso tuve enamoramientos, chicos que me gustaban, cosas así. Pero nada fuerte
por un par de años.
Hasta que llegué a los 14 y conocí a mi segundo amor, por
así decirlo. Se llamaba Jerónimo, lo conocí a través de Iván, un pibe de otro
colegio, que hoy en día sigue siendo mi mejor amigo. Me acuerdo que un día lo
pasé a buscar a Iván por la parada de colectivo, pero no estaba solo. Había un
chico re pálido me acuerdo. Era alto, flaco, medio tímido. No hablaba mucho, y
como que me evitaba la mirada (hace un gesto como tapándose los ojos). Me hacía
acordar a un personaje medio de dibujitos animados, súper estereotípico, tipo
un pibe re pálido encerrado en la casa que no le hablaba a nadie... ¿entendés
lo que te digo? (Ríe) Y a pesar de todo eso, a mí me gustaba. Siempre hablo de
lo mismo, pero siento que tengo una especie de sexto sentido a la hora de
encontrar parejas o gente con la que voy a estar. Ese sexto sentido lo descubrí
con Jerónimo. Lo vi, ahí sentado en el cordón re cualquiera y mi cerebro me
dijo “vos vas a estar con este pibe”. Lo sabía, y cuando nos estábamos yendo
con Iván, ya subidos al 92, él me dijo: ‘creo que le gustaste a Jero’. Y así
Iván me insistió y me insistió e insistió y le hablé, no vivíamos muy lejos. Y
también pegamos onda, siento que soy buena chamullando. Un día me invitó a
salir, a hacer algo, cualquier cosa. Yo le dije que sí y nos encontramos en la
parada de colectivo donde nos habíamos conocido... Andalgalá y no me acuerdo la
otra calle. Me acuerdo que estaba vestido re mal, eso me generó sospechas
instantáneamente. Tenía puesta una remera roja, con una estampa re
infantil y un jean medio grande para la época. Y le dije que qué íbamos hacer,
y de la nada me respondió ‘vamos al Super’. Que idea rara para una primera
cita, ¿no? Pero bueno, fuimos al supermercado y me compró un chocolate. No la
estaba pasando mal, el pibe era copado, eso yo ya lo sabía porque hablábamos un
montón antes. Lo que me tomó muy por sorpresa fue que después de darnos un
beso, que por cierto llegó bastante tarde en la cita, de la nada me dijo ‘te
amo’. Una de las primeras citas más raras de mi vida: me dijo te amo y me llevó
al super, re de cuento de hadas. Después de eso nos seguimos viendo bastante
regularmente, nuestros colegios quedaban cerca y nuestros horarios coincidían
casi siempre. Pasaron un par de meses y él se volvió medio intenso. Me acuerdo
que en enero me fui a Mar del Plata de vacaciones y yo le había avisado y
todo. Y cuando llegué a casa de vuelta tenía 1000 notas que me había
dejado. Que por dónde andabas, por qué no me respondes, te extraño, etc. Me
acuerdo que hasta Iván me mandó una pidiéndome perdón por haberme presentado a
un chabón “tan pelotudo”. Y no me lo banqué, después de unas semanas más
le dije que hasta ahí habíamos llegado, ni siquiera éramos novios, pero igual.
Y bueno así seguí y no fue hasta dos años después que un
pibe volvió a entrar en mi vida. Y ese fue creo que ni el amor más importante
que tuve en mi juventud, Juan Cruz. La historia de cómo empezamos hablar,
tampoco es tan romántica. Como vengo diciendo, tenía mucho éxito chamullando,
pero aún más de manera escrita, o no en persona. Y cuando tenía 16, dejé de
salir tanto y me copé con los amigos por carta de las revistas. Y un día, como
una adolescente imbécil que era, publiqué mi código postal, mi nombre verdadero
y hasta mi teléfono en una revista, creo que era la Billiken o algo así, estaba
de moda en la época. Ya sé que esto es increíblemente tonto, porque cualquiera
podía acceder a mi teléfono, pero lo hice igual. Y me habló alguien, no sabía
bien quién era, porque no adjuntó una foto ni nada, ese era el misterio de
escribir por carta. Nuestra primera conversación empezó con un ‘hola, chica con
teléfono’, se ve que él no tenía uno. Y empezamos a hablar bastante
religiosamente. Me acuerdo que la primera vez que hablamos fue un 8 de marzo,
al otro día yo empezaba las clases. Sé que es medio raro que me acuerde fechas
específicas, pero mi cerebro funciona así. Y nada, me contó que tenía novia,
que tenía algunos problemas con la depresión, y que, pequeño detalle, vivía en
chan…chan…chan…Chubut. Así que bueno, mi cabeza creó una historia de amor
imposible ¿no?, un pibe que me caía bien, que me gustaba, tenía novia y vivía
en la otra punta del puto país. 100% imposible. Bueno, pero seguimos hablando
por bastantes semanas más y no me acuerdo de dónde salió pero un día le dije
que me gustaba y él me dijo que yo también le gustaba. Imaginate la ansiedad de
esperar la respuesta, por un par de días o una semana, depende que envío
pagaras. Cortó con la novia, y quedamos como en algo. Y nada, estaba
increíblemente enamorada de este chico. Y lo especial para mí era que, él
también lo estaba de mí, a pesar de que nunca nos habíamos visto en persona.
Fue como una especie de flashback a mi primera historia amor pero está tuvo un
final más o menos feliz. Y todo marchaba a la perfección hasta que un día me
contó que se había encontrado con la exnovia para despedirse y ella le había
dado un beso. El problema era que él, muy vivo el pendejo, no la había sacado
ni lo había impedido de ninguna manera. Esta carta la leí mientras yo estaba en
el cumpleaños de una amiga., me había llegado antes de irme y me la llevé.
Estaba re emocionada, encima, porque no me llegaba una hace un par de semanas.
Y las noticias me cayeron para el orto, me puse a llorar, empecé a decir que
para qué me había ilusionado tanto si yo no le importaba nada. Mi mejor amiga
me odió ese día, Milagros, porque creo que nunca le rompí tanto las bolas.
Llegamos al punto en el que ella tuvo que agarrar lapicera y papel y escribirle
un párrafo MUY largo, pidiendo que por favor no me lastimara más, que yo era
una persona muy sensible, Y SE LO MANDÓ. Parecía una mamá mandándole un mensaje
al papá de otro nene que le hace bullying en la escuela a su hijito. Imaginate
lo mal que la estaba pasando que la amiga dueña de casa le abrió la vitrina a
los viejos y les afanó un ron. Y nos pusimos re en pedo, fue un cago de risa
(se vuelve a reír). Lo decidí perdonar, al final, porque él siempre fue mi
debilidad. Pasaron los meses, bue, el mes y en abril… el 27 de abril nos
pusimos de novios oficialmente. Mis amigas y mi vieja estaban escandalizadas
porque yo no lo conocía, pero él le contó a sus papás y ellos le dijeron que en
julio iba a poder viajar a Buenos Aires a conocerme. Y así seguimos esperando,
ahorré mucha plata para comprarle regalos, me acuerdo que trabajaba de moza con
unos amigos de la familia, y de a poquito llegó julio. Lo conocí, en la calle
Corrientes, en una pizzería que no me acuerdo el nombre pero sigue estando ahí.
Y nada, nuestros papás fueron al encuentro, por las dudas de que alguno de los
dos fuera un pedófilo fan de las cartas (sonríe y se encoge de hombros). Y me
acuerdo que estaba parada en la esquina, y yo no lo veía por ningún lado y
empecé a desesperarme porque ya estaba esperando ahí hace unos 10 minutos.
Habíamos quedado en encontrarnos a las cinco puntual, y mi vieja y yo, de
ansiosas, y más que nada por mí, llegamos un ratito antes. Y habíamos pactado con
Juan que no nos íbamos a dar un beso con nuestros papás presentes porque
hubiera sido como medio incomodo, ¿no? Pero lo vi, estaba del otro lado de la
esquina. Salí corriendo y lo abracé como creo que no había abrazado a nadie
todavía. Porque era real, estaba ahí, existía, tipo… ¡Aah! Después de tanto
tiempo lo tenía en frente, y no te lo puedo explicar, fue muy loco todo. Y me
lo re chapé, no esperé una mierda a que se fueran nuestros papás, y me lo chapé
durante tanto tiempo que se cansaron de esperar y se metieron adentro a pedirse
un café, te lo juro. Una vieja pasó y hasta nos gritó: “¡Vayanse a un telo!”.
Siempre cosas muy románticas me pasan a mí. Y después de un tiempo, tuvimos que
ir adentro con nuestros papás, si no iba a ser medio raro. Entramos, merendamos
algo, y charlamos, conocí a sus papás y a su hermana que también estaba ahí y
también fue testigo de nuestro primer beso. Y su papás eran gente medio
cuadrada, no sé cómo explicarlo, eran medios aburridos. Según lo que yo tenía
entendido eran oficinistas, gente con trabajos muy serios. Y en mi casa nunca
nos habíamos manejado así, mi mamá siempre fue maestra jardinera y eso es,
viste, más descontracturado. Pero bueno, parece que todos se llevaban bastante
bien. Después de un tiempo nos miramos, a todo esto nosotros nos estábamos
haciendo gestos, porque nos habíamos sentado en lados opuestos de la mesa y no
nos podíamos hablar. Y dijimos de ir a ver la disquería que está en frente de
esta pizzería, que también sigue estando ahí, es una disquería muy grande,
también en Corrientes. Y fuimos a chusmear discos, lo que los dos más teníamos
en común era que nos gustaban las mismas bandas. Y fuimos a ver los discos y
encontramos el único disco de una banda que me re gustaba, no me acuerdo el
nombre ahora. Y me lo compró, me acuerdo que me gustó mucho y le di la plata,
él me la aceptó y me pareció medio raro, porque vos pensarías que si
intentas regalarle algo a alguien y a la primera te ofrecen plata le vas a
negar, pero no pasó nada. Estaba barato el disco, y le di tipo, 50 pesos.
Llegué a mi casa después de habernos despedido, era muy tarde y mi mamá y yo
nos teníamos que volver en colectivo, porque es un suicidio ir al centro en
auto. Me estaba sacando la ropa y en el bolsillo de la campera encontré los 50
pesos míos que me los había metido en el bolsillo cuando nos estamos abrazando,
se ve. Se quedó así una semanita más, lo iba a ver todos los días, se estaba
quedando por la calle Maipú, en un hotel que se llamaba Conquistador, creo.
Salíamos casi todos los días, me hacía el viaje eterno de Villa Madero al
microcentro para ir a verlo. Éramos felices, con este estilo raro de relación.
Nos veíamos cada dos, tres meses. La próxima vez ya que él había venido en
julio, me tocó ir a mí a Comodoro Rivadavia, en Chubut, donde vivía él. Y fui,
mamá compró pasajes de avión, reservamos una habitación de hotel y no fuimos
para Comodoro Rivadavia por cuatro días. También fue relindo, si hay algo que
rescato de esa relación además de todo el amor que teníamos el uno para el
otro, fue conocer muy bien Comodoro, que es una ciudad muy chiquita, y no es
uno de los grandes destinos turísticos, así que no mucha gente la conoce bien
que no sea nativo de la ciudad. La pasábamos bien, en Comodoro me acuerdo que
siempre íbamos a un Arcade que está en avenida principal, y jugábamos a un
juego que vos tenías que apretar un botón y había una bola que la tenías que
embocar en el agujero que te dé más tickets. Me acuerdo que un día se nos quedó
trabada la bola y, vino uno de los empleados del lugar, y nos dio muchas
jugadas más y así le embocamos como tres veces seguidas en el de los 100
tickets. Juntamos un montón, pudimos ganar un peluche que yo tenía muchas ganas
de tener, que lo habíamos visto el primer día, era como un diablito, pero muy
tierno, nada satánico. Todavía lo tengo. Bueno, volví a Buenos Aires, y
seguimos así. Él vino acá en diciembre para mi cumple, conoció mis amigos,
estaba por pasar a quinto así que vino a un acto que hicimos en el colegio, en
donde los de quinto de ese año nos pasaban la bandera a los de cuarto. Y yo era
escolta de la bandera nacional, así que era una parte importante. Esa vez no se
quedó en un hotel, se quedó en casa, empezamos a quedarnos en las casas del
otro. Y en esa oportunidad, esa vez que vino, fue mi primera vez con él,
que también era mi primera vez en la vida, no. Todo fue incómodo, ninguno de
los dos sabíamos que hacíamos porque éramos los dos vírgenes. Él ni sabía
ponerse preservativo, mi abuelo entró en la casa en el medio de todo y nosotros
nos asustamos. Fue un quilombo. A pesar de que la experiencia no fue buena, lo
recuerdo feliz porque fue con él. Estuvimos así dos años yendo y viniendo,
pagando pasajes de aviones, pagando hoteles, o quedándonos en las casas. Hasta
que cuando estamos los dos por terminar nuestra secundaria, llegó la hora de
decidir que íbamos hacer en el futuro. Y yo había seguido con él tanto tiempo,
siendo fiel, que no era fácil esa edad, más que nada porque también nos fuimos
a Bariloche, y mis amigas fueron testigos de que yo pensaba todo el tiempo en
él. Me re controlé, y conocí a un chico, que va a volver más adelante este
antología de historias de amor, pero sabés que fui una santa y que la verdad es
que nunca hice nada malo. Me mantuve así todo ese tiempo, ante la promesa de
que él se iba a venir a los dieciocho acá a Buenos Aires. Así que él decidió
venir a estudiar acá, lo inscribí en la UBA, de paso, cuando vine a hacerlo yo.
Él para diseño gráfico y yo para medicina. Y salió todo bien, al parecer. Se
buscó un departamento en capital, e íbamos a estar mucho más cerca, obvio. Y un
par de meses antes de que él se mudara acá yo empecé a sentir inseguridades,
como que estaba un poco aburrida de la relación, un poco aburrida de él. En
toda la relación de dos años nunca disfruté del sexo, él se me había vuelto
soso, como nada emocionante. No lo mencioné hasta ahora esto pero, Juan Cruz es
una persona muy tranquila, capaz demasiado tranquila, mis amigos lo odiaban
porque cuando nos juntamos él no hablaba, no decía ni una palabra. Era como una
tumba, porque bueno, era tímido. Pero a la gente eso le molestaba, a mi mamá y
a mi abuelo también. Llegó un punto en el que supongo yo ya había decidido que
no podía seguir así y, creo que era el 4 de marzo del año siguiente cuando le
corté. Me sentí muy culpable durante mucho tiempo porque esto fue un par de
meses, bah, un par de semanas antes de que él se mudara a Buenos Aires, pero no
podía seguir así, estaba como deprimida. Además me estaba hablando con un chico
de Estados Unidos que estaba viviendo en el centro (por carta también) con el
que pegaba mucha onda, seguimos con esta seguidilla de amores vía escrita (se
encoge de hombros). Soy como una Julieta de la era postal, ¿no? Bueno, este
chico era Estados Unidos, en New York. Se llama Arthur, pero le decíamos Artie,
y nos llevábamos muy bien, me entendía. Y por él y todas las razones que ya le
conté, terminó todo. Me acuerdo que le corté el 4 de marzo, y estábamos
hablando por teléfono, no hablábamos hace un par de semanas, así que me llamó y
me dijo que qué estaba pasando, que él quería saber. Mi intención era cortarle
en persona cuando estuviera acá, pero se me escapó un ‘no te amo más, no estoy
más enamorada de vos’, y obviamente cuando le decís eso a una persona con la
que estás de novia, es lo mismo de cortar. Y cortamos.
Bueno, yo seguí por ahí con mi amor yanqui, hasta que un
día me habló un chico que conocí en Bariloche. Y ahí es cuando empieza la nueva
etapa de la historia: Marcelo. Marcelo es un pibe del que yo siento me voy
acordar toda la vida, pero porque es esa clase de pibe que todas imaginamos,
ponele. Marcelo era fanático del cine como yo también lo soy, y como vos
también sos… eso siempre lo tuvimos en común. Lo conocí en Bariloche en la
fiesta de disfraces porque reconocí su disfraz que era de un personaje de una
peli medio under. Y como que había onda, pero yo estaba de novia, y como te
dije yo era re monja, así que no hice nada. Pero resulta que Marcelo era de
Tucumán, y también se mudó a Buenos Aires, alrededor del mismo tiempo en que se
mudó Juan Cruz. Y me habló por teléfono (se lo había pasado yo, tan santita
ahora que me acuerdo no era) y me dijo ‘¡Cande!, tanto tiempo, ¿seguís en
Buenos Aires?’. Yo le dije que sí, que seguía viviendo acá, y que si quería nos
podíamos ver. Así que nos encontramos en una cafetería de Palermo, como en
plaza Armenia. No me acuerdo el nombre, pero pasaban heavy metal. Y me acuerdo
que, tenía como una casa interior, y había ventanas, algo medio raro. Y
Marcelo era súper, tipo, misterioso, se fumó como 10 cigarrillos durante la
cita, y su vida, las cosas que hacía, me resultaban muy fascinantes. Y
hablamos, hablamos mucho tiempo, tanto tiempo que se me hizo tarde y tuve que
salir rajando a mi casa porque mi vieja casi me mata. Y esa vez no pasó nada,
no me dio ni un beso, ni se me insinuó. Así que pensé que no quería nada
conmigo, lo que no tenía nada de malo, me acuerdo que le dije una amiga que me
gustaba tanto que me haría feliz tenerlo sólo de amigo. Justo una semana
después de eso fue un festival de música, o algo así y él también tenía
entradas. El primer día nos quisimos encontrar, pero fue todo un quilombo, no
nos puesto de acuerdo antes, y una vez que estás adentro, no hay manera de
encontrarse. Así que para el segundo día nos localizamos mejor. Dijimos que nos
íbamos a encontrar en el cartel gigante que era propaganda de coca cola. Nos
encontramos, juntos, todo su grupo de amigos, y la amiga con la que estaba yo,
a ver un show. Terminó, y sus amigos querían ir a esperar a otro concierto que
empezaba en otro escenario. Yo quería ver a unos que tocaban pop medio synth
que tocaban en el escenario uno creo, y parecía que nos íbamos a separar, pero
me dijo que se quería quedar conmigo para ver ese concierto. Mi amiga se hizo
la boluda y nos dejó solos. Fumamos marihuana, fue la primera vez que fumé
marihuana, y pensé que seguro me iba a besar. Estábamos solos, drogados,
en un concierto a oscuras. Pero Macelo era un pibe raro, y no hizo nada. Me
aguanté las ganas de llorar, y llegó el momento del ‘chau’, porque cada uno se
iba con sus amigos, así son los festivales. Y me mira, me dice que la había
pasado bien, que se tenía que ir. Y me da un beso. Fue un momento hermoso, y me
acuerdo y me siento una pelotuda de quince años (se tapa la cara con las manos).
Pero las cosas con Marcelo no duraron mucho. Él la estaba pasando mal, y
extrañaba a su familia en Tucumán, y tenía temas sin resolver con la ex.
Después de dos meses, nos dijimos chau, pero quedamos bien. Todavía hablamos de
vez en cuando, nos encontramos en Facebook, y seguimos teniendo buena onda.
Y supongo que hasta acá llegó la entrevista, me quede sin
historias interesantes (se ríe y le pregunto por su relación actual, porque
está casada hace un par de años). Ay, no…no, no no. Te conté tantas historias
que terminaron mal que no quiero mufar la actual, que me está haciendo re
feliz.”
Comentarios
Publicar un comentario