Discurso del oso 25/7
Voy a comenzar a resubir las notas de mi celular, con las fechas específicas de las mismas, como entradas al diario del lector.
25/7/18
Releeí un cuento de Cortázar que no revisitaba hace 3 años. Se trata de un oso que vive en las cañerías de una casa, y me había olvidado de lo encantador que es, a pesar de que es muy raro.
Me acordé de un cuento que escribí basado en ese concepto, en la personificación de algo cotidiano como un personaje (el oso correteando por las cañerías es la personificación de los ruidos que hacen las cañerías de una casa tarde por la noche), era sobre el humo del cigarrillo. Lo encontré en mi blog viejo:
"Título: Autobiografía
Nacer es un dolor agonizante a mis ojos. Intentaré describirlo con la mayor precisión posible, aunque me resulta algo dificultoso. Al principio solo siento algo de calor, esa es mi parte favorita, es agradable y se nota como un abrazo amigable. Sin embargo, luego inicia su mutación monstruosa y se transforma en una tortura. Aquel ardor familiar y cariñoso se eleva a niveles increíbles y es como encontrarse en el infierno mismo, mi piel comienza a marchitarse y la luz ciega mis ojos. Aguanto todo lo posible, pero es cuando suelto el grito que comienzo a elevarme.
Floto lentamente y comienzo a danzar en el aire, la mayoría de las veces me dejo llevar, aunque también me gusta crear patrones y formas con mi cuerpo para que la gente las reconozca. La mayoría de las veces nadie me sigue el juego, pero me gusta imaginar sus voces exclamando: “¡Mira…es un pato!” o “¿Acaso eso es un perfecto círculo?”. Sin embargo, no suelen prestarme demasiada atención. Me agrada acercarme a las personas y enredarme entre sus cabellos, dejando mi aroma por todas partes, rozando su piel suavemente y dándoles un poco de mi calor.
No tengo un hogar definido, pero disfruto explorar las cuevas, aprovechando cuando alguien toma una bocanada de aire para entrar. Soy algo entrometido, sin embargo, y la mayoría de las veces notan que me estoy escondiendo. Es entonces cuando todo comienza a temblar y salgo disparado realmente rápido, es algo doloroso pero sin lugar a dudas adrenalínico.
Suelo preguntarme qué se debe sentir ser tan grande y tan…sólido. Me resulta una encrucijada y me entristezco por aquellos seres enormes, para siempre atrapados en su aburrida vida corpórea. No pueden dispersarse y volverse a unir, no pueden achicarse o expandirse, ni volar por los aires dando volteretas e impregnando todo con su perfume. Me dan pena y es por eso que intento acariciarlos cada vez que puedo.
Pero si debo elegir mi momento predilecto entre todos estos es sin lugar a dudas la muerte. Oh…que éxtasis es permitir desintegrarme, es en ese momento en el que me elevo a niveles altísimos y puedo ver absolutamente todo lo que me rodea…los árboles, las casas, el césped. Y acunado por la brisa comienzo a desprenderme poco a poco de mi existencia, sin ningún dolor.
Y luego se repite mil veces lo mismo: nacer, morir…ya ni me importa ni me molesta. Prefiero dedicar cada una de mis vidas a descubrir algo nuevo. Por ejemplo, hoy revelé que si me acerco demasiado a los ojos de las inmensas criaturas estos comienzan a enrojecerse… ¡A que si son seres realmente curiosos!
Basado en Discurso del Oso, de Julio Cortázar."
25/7/18
Releeí un cuento de Cortázar que no revisitaba hace 3 años. Se trata de un oso que vive en las cañerías de una casa, y me había olvidado de lo encantador que es, a pesar de que es muy raro.
Me acordé de un cuento que escribí basado en ese concepto, en la personificación de algo cotidiano como un personaje (el oso correteando por las cañerías es la personificación de los ruidos que hacen las cañerías de una casa tarde por la noche), era sobre el humo del cigarrillo. Lo encontré en mi blog viejo:
"Título: Autobiografía
Nacer es un dolor agonizante a mis ojos. Intentaré describirlo con la mayor precisión posible, aunque me resulta algo dificultoso. Al principio solo siento algo de calor, esa es mi parte favorita, es agradable y se nota como un abrazo amigable. Sin embargo, luego inicia su mutación monstruosa y se transforma en una tortura. Aquel ardor familiar y cariñoso se eleva a niveles increíbles y es como encontrarse en el infierno mismo, mi piel comienza a marchitarse y la luz ciega mis ojos. Aguanto todo lo posible, pero es cuando suelto el grito que comienzo a elevarme.
Floto lentamente y comienzo a danzar en el aire, la mayoría de las veces me dejo llevar, aunque también me gusta crear patrones y formas con mi cuerpo para que la gente las reconozca. La mayoría de las veces nadie me sigue el juego, pero me gusta imaginar sus voces exclamando: “¡Mira…es un pato!” o “¿Acaso eso es un perfecto círculo?”. Sin embargo, no suelen prestarme demasiada atención. Me agrada acercarme a las personas y enredarme entre sus cabellos, dejando mi aroma por todas partes, rozando su piel suavemente y dándoles un poco de mi calor.
No tengo un hogar definido, pero disfruto explorar las cuevas, aprovechando cuando alguien toma una bocanada de aire para entrar. Soy algo entrometido, sin embargo, y la mayoría de las veces notan que me estoy escondiendo. Es entonces cuando todo comienza a temblar y salgo disparado realmente rápido, es algo doloroso pero sin lugar a dudas adrenalínico.
Suelo preguntarme qué se debe sentir ser tan grande y tan…sólido. Me resulta una encrucijada y me entristezco por aquellos seres enormes, para siempre atrapados en su aburrida vida corpórea. No pueden dispersarse y volverse a unir, no pueden achicarse o expandirse, ni volar por los aires dando volteretas e impregnando todo con su perfume. Me dan pena y es por eso que intento acariciarlos cada vez que puedo.
Pero si debo elegir mi momento predilecto entre todos estos es sin lugar a dudas la muerte. Oh…que éxtasis es permitir desintegrarme, es en ese momento en el que me elevo a niveles altísimos y puedo ver absolutamente todo lo que me rodea…los árboles, las casas, el césped. Y acunado por la brisa comienzo a desprenderme poco a poco de mi existencia, sin ningún dolor.
Y luego se repite mil veces lo mismo: nacer, morir…ya ni me importa ni me molesta. Prefiero dedicar cada una de mis vidas a descubrir algo nuevo. Por ejemplo, hoy revelé que si me acerco demasiado a los ojos de las inmensas criaturas estos comienzan a enrojecerse… ¡A que si son seres realmente curiosos!
Basado en Discurso del Oso, de Julio Cortázar."
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